

Rubino se mostró competitivo desde los entrenamientos oficiales, donde marcó tiempos destacados. Sin embargo, un inconveniente técnico en un sensor de la caja de cambios lo dejó fuera de competencia el día sábado.
Lejos de bajar los brazos, el domingo largó desde el fondo y protagonizó una remontada memorable: con ritmo sólido y múltiples sobrepasos, logró colocarse en los puestos de punta y cruzó la bandera a cuadros en la segunda posición.
Una penalización posterior lo relegó al quinto lugar, aunque su actuación fue ampliamente reconocida por la categoría y el equipo.
El balance para la Scuderia Buell es más que positivo. La estructura, que combina el espíritu familiar con un marcado profesionalismo, continúa consolidándose como plataforma de desarrollo para pilotos que buscan abrirse camino en el automovilismo europeo.
La actuación de Rubino confirma que el talento argentino sigue dejando huella en los circuitos internacionales.

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